Bolsas de horas transparentes
Compra un bloque y se consume por lo que pida, con el detalle de en qué se fue cada hora. Sin mínimos por incidencia ni redondeos creativos.
Un tablero que no refresca, un flujo que se rompió, una integración que cambió del otro lado. Bolsas de horas sin caducidad agresiva y con el consumo a la vista.
Compra un bloque y se consume por lo que pida, con el detalle de en qué se fue cada hora. Sin mínimos por incidencia ni redondeos creativos.
Cuando algo se rompe: prioridad según impacto real, tiempo de respuesta comprometido y explicación de la causa. No solo «ya funciona».
Refrescos que fallan, flujos que dejan de ejecutarse, servicios que se degradan. Lo ideal es enterarnos nosotros primero y avisarle.
Un indicador nuevo, un campo más, otro origen de datos. La mayoría de las horas se van en hacer crecer lo que funciona, no en apagar incendios.
Cada cambio se documenta, para que la bolsa no se convierta en la única memoria de cómo funciona su sistema.
Todo lo que verá abajo lo usamos en proyectos reales. Si algo no está en la lista, se lo decimos antes de empezar y no después.
A los doce meses, no a los tres. Y le avisamos cuando queda poco en vez de dejar que se pierdan en silencio.
Depende de la criticidad acordada. Para un sistema parado en horario laboral, mismo día. Para una mejora, se planifica en la siguiente ventana. Lo que no hacemos es prometer un número que no vayamos a cumplir.
Sí, previa revisión. Necesitamos entender qué hay antes de responder por ello, y esa revisión inicial consume horas de la bolsa. Se lo decimos antes.
No. Se compra la bolsa cuando hace falta y se renueva si tiene sentido. Si un mes no nos necesita, no paga nada.
Con alguien que conoce su sistema, no con un primer nivel que abre un ticket y escala. Es la ventaja de una consultora pequeña y es deliberada.
Veinte minutos bastan para saber si hay proyecto. Si no lo hay, se lo decimos de frente.